Al poco me di cuenta que desde el suelo, incluso con la mente abierta, muy poco se podía hacer. Así que opté por levantarme y gritar palabras de ánimo para levantarles la moral a todos.
Y efectivamente, ellos levantaron la moral, pero no el cuerpo.
El miedo a las rajas que crujían advirtiendo era grande y seguían pensando que tumbados habría menos posibilidades de morir aplastados por las roturas.
Miré a mi alrededor y el único de pie era yo, así que me sacudí el primer polvo de mi chaqueta y opté por ir saliendo lentamente y con calma, mientras nadie me estorbaba para avanzar.
Miré a mi alrededor y el único de pie era yo, así que me sacudí el primer polvo de mi chaqueta y opté por ir saliendo lentamente y con calma, mientras nadie me estorbaba para avanzar.
No pisé a nadie hasta la salida.