24.6.26

Un icono bizantino para adorar


A partir del año 313, cuando el emperador Constantino se convierte en cristiano, todo el mundo occidental cambia poco a poco en los conceptos religiosos y con ello en el uso del Arte para sus fines propagandísticos. Había que convencer a todos que aquello, nuevo, era lo correcto.

La inmensa mayoría de los ciudadanos de aquella Europa, desde toda Italia hasta Grecia o Rusia, eran analfabetos y para convencerles de que las Sagradas Escrituras eran imprescindibles para alcanzar el Cielo y la Vida Eterna, había que explicarles sus verdades a base de imágenes en público.

Había que convencer y enseñar aquella verdad, que salvaba a las personas de la muerte total. Y se hicieron mosaicos enormes, se pintaron paredes enteras de los interiores y exteriores de las capillas y las iglesias, para que los vecinos no tuvieran duda de lo que estaban escuchando por parte de los sacerdotes de la época. 

Daba igual si eran lugares públicas o estancias privadas de personas con poder o con dinero. Había que envolverse en lo que todavía no se sabía leer, solo era necesario mirar. Y surgen además los iconos durante el siglo VIII como forma de controlar qué se tenía que adorar.

Dios era al principio muy similar a Zeus, Cristo lo era similar al dios Apolo, y de esa manera era más sencillo entender de qué se hablaba, de dioses que habían venirnos a salvarnos. 

Los ciudadanos no entendían grandes narraciones o extrañas historias de las Sagradas Escrituras, buscaban y se les entregaban referentes sencillos.

Para los ciudadanos más formados se creaban libros escritos a mano como es lógico, con miniaturas más complejas en donde ya sí, se relataban episodios bíblicos. O se ampliaban poco a poco las referencias en los frescos de los santuarios, para poder ampliar las explicaciones de los sacerdotes.

Brillo, luz, oro, mucho oro y vidrieras que dejaran pasar la luz del cielo, se fueron distribuyendo por toda aquella Europa que veía crecer el cristianismo a una velocidad altísima.

Y los artistas bizantinos, casi todos ellos monjes, intentaban no hacer esculturas pues creían que eran ídolos, y se trabajaba mucho más las imágenes bidimensionales, sin sombras, planas, sin perspectiva, como referencias religiosas, casi como estampas.

Los iconos miran de frente, no se ve el cuerpo, solo el rostro, algún vestido y poco más. Son inexpresivos, sin casi vida pero con la simbología del Ser Superior. Fondos dorados, coronas, y sobre todo que nunca el fiel espectador pudiera pensar que fueran a ser personas como ellos. Eran seres diferentes, superiores.

Eran figuras de poder, con llaves muy grandes para abrir espacios celestiales, con cálices o emblemas para perdonar, y llevando la Cruz de Jesús como símbolo. Simplemente Poder.

Estos iconos ortodoxos se elaboraban sobre una tabla de madera recubierta de yeso y pasta de mármol y empleaban pintura al temple (mezclada con yema de huevo), pigmentos minerales y láminas de oro. Los monjes realizaban el proceso de creación tras periodos de ayuno, oración y purificación, buscando la inspiración divina para que les inspiraran.



23.6.26

Una alcantarilla italiana con mucho Arte


Nuestro corresponsal en Europa, Sara Paolucci,  farmacéutica aragoemiliana, en colaboración con Luis Iribarren, nos envía esta bella alcantarilla desde la localidad de Porto Venere, junto a La Spezia. en Liguria, Italia

Nos habla dicha obra de arte urbano de "Cinque Terre" que son cinco muy famosos pueblos de costa de su zona de influencia.

Sí, las alcantarillas también pueden llamar nuestra atención, como elementos urbanos que en algunos países quieren convertir en pequeñas obras de arte.

22.6.26

Un Buda Gupta del siglo IV


El Imperio Gupta fue para la India algo parecido a lo que el Imperio Romano fue para Europa, o la Atenas de Pericles para la antigua Grecia: una época de estabilidad, riqueza y enorme florecimiento cultural.

Se desarrolló aproximadamente entre los años 320 y 550 d. C., dominando gran parte del norte de la India. Aunque no fue el mayor imperio indio en extensión (el anterior Imperio Maurya había sido más grande), sí fue uno de los más influyentes desde el punto de vista cultural.

Imaginemos un país que durante siglos estuviera dividido en pequeños reinos, guerras e invasiones, y que de repente aparece una familia, los Gupta, que consigue unir buena parte del territorio. Con la paz llegan el comercio, la riqueza y el tiempo para dedicarse a la ciencia, el arte y la literatura. Eso fue, en esencia, el Imperio Gupta.

Muchos historiadores han llamado a este periodo la Edad de Oro de la India, aunque hoy algunos matizan esa expresión porque la prosperidad no fue igual para toda la población, algo habitual cuando un país o una civilización crece de forma rápida.

Fue sin duda una época extraordinaria por varios motivos. Estudios nuevo de las matemáticas, ingeniería, astronomía, del Arte, de la religión, la literatura, las normas sociales, etc.

La economía prosperaba gracias a la agricultura mejor planificada, al comercio interior, pero a su vez con las nuevas rutas comerciales con Asia. Se acuñaban monedas de oro de gran calidad, signo de una economía fuerte y muy comercial.

Muchas de las imágenes clásicas de Buda que hoy conocemos y se conservan, proceden precisamente de este periodo, aunque también florecieron la pintura mural y la arquitectura de templos.

Este Buda que vemos, del siglo IV es un ejemplo de esa nueva imagen que quisieron transmitir del Buda anterior, más clásico. Los Buda Gupta tienen el pelo separado en rizos pequeños, y los párpados caídos, y se convirtieron en el icono para las imágenes de Buda que se hicieron posteriormente.

"Una idea que se lleva a la práctica, es mucho más importante que una idea que solo existe como idea". Buda

La IA trastoca el Arte hacia otros modos


No hay duda de que la llegada de la IA de forma masiva a trastocado el Arte digital, e incluso el Arte Fotográfico y el Arte pictórico. Ya nada volverá a ser como antes, aunque nos parezca una barbaridad perder oficios con muchas décadas de crecimiento y aprendizaje constante. pero es la vida, y como esto mismo, ha sucedido antes con decenas de oficios de todo tipo, también artísticos. 

Queda volver o continuar la formación, utilizar la IA como una herramienta, pues solo es eso, aprender nuevas técnicas y nuevos usos. Estamos empezando con ella, no sabemos bien qué nos deparará, y sobre todo no sabemos bien qué usos le iremos dando en el campo artístico. 

Puede ser simplemente un facilitador de procesos, pues las ideas de momento son todavía del campo de las personas, pero es lógico suponer que también cambiará la forma de crear esas ideas desde dentro de nosotros mismos, y sobre todo de que entrarán nuevas personas a crear, si les interesa dedicarse a esto.

Podría perder valor el mundo del Arte, o al revés, podría subir de valor aquellas obras sobre las que no haya duda de que se han realizado sin la intervención de máquinas, algo complejo de poder demostrar en el futuro.



Lo importante será preguntarnos como siempre: ¿Qué queremos decir? 

Y lo de menos será: ¿Con qué lo queremos decir? ¿Utilizando qué herramientas, nos vamos a expresar en el futuro?

Os dejo tres imágenes para ilustrar estas ideas. Un grabado de Goya, ese mismo grabado unos minutos después de acontecido el heroico disparo de Agustina Zaragoza, y la misma escena vista desde otra óptica y por otro artista diferente. No quiero opinar, pero con todo ello se pude construir un relato diferente, que acompañe la historia. 

¿Hemos perdido el trabajo del diseñador, del dibujante? Sí. Pero antes perdimos el trabajo de los fotograbadores, de los fotomecánicos, de los escanistas. Y no sucedió nada. Bueno, sí tuvimos que adaptarnos a los nuevos tiempos.


Como es lógico suponer, la única imagen real es la primera, de un grabado de Francisco de Goya, de sus Desastres de la Guerra. El resto son imágenes creadas con la IA a base de órdenes que les he ido ordenando. Son mías, pues las órdenes son mías. Pero… ¿En dónde ponemos el listo de corte?