27.6.26

Heilig-Geist-Kirche de Múnich, dos alegorías


Vuelvo con imágenes religiosas en ese Arte que se hizo para los analfabetos de las épocas antiguas, cuando las imágenes pintadas eran la necesidad de explicar a las personas creyentes, lo que no podía leer.

La obra de esta imagen que dejo arriba, tomada en Munich, es el mural alegórico septentrional de la Heilig-Geist-Kirche de Múnich, junto al Viktualienmarkt. Una de las dos grandes pinturas murales alegóricas situadas bajo la tribuna o zona del portal occidental, realizadas hacia 1750 por Joseph Ignaz Schilling y Joseph Weiß el Viejo.

En concreto, el mural del lado norte representa las virtudes de Esperanza, Caridad/Amor, Fe, Longanimidad, Fortaleza y Paz. El ancla de la Esperanza, el cordero como símbolo de pureza o caridad sacrificial, la cruz para la Fe, y la paloma del Espíritu Santo en la parte superior.

En la otra obra podemos ver la escena que está presidida por la paloma del Espíritu Santo en la parte superior, y varias figuras femeninas portan atributos simbólicos que remiten a virtudes, no a santas concretas o a un episodio narrativo histórico. Eso también refuerza que no estamos ante “dos cuadros sueltos”, sino ante un programa alegórico emparejado dentro del mismo espacio litúrgico.

Las obras están en una de las iglesias más antiguas de Múnich; su interior fue barroquizado en el siglo XVIII y sufrió una gran destrucción en la Segunda Guerra Mundial, siendo luego reconstruido y restaurado todo el conjunto. En ese mismo ámbito existe el mural compañero del lado sur, con otra serie alegórica: Templanza, Prudencia, Alegría, Justicia y Misericordia, que vemos abajo.




24.6.26

Un icono bizantino para adorar


A partir del año 313, cuando el emperador Constantino se convierte en cristiano, todo el mundo occidental cambia poco a poco en los conceptos religiosos y con ello en el uso del Arte para sus fines propagandísticos. Había que convencer a todos que aquello, nuevo, era lo correcto.

La inmensa mayoría de los ciudadanos de aquella Europa, desde toda Italia hasta Grecia o Rusia, eran analfabetos y para convencerles de que las Sagradas Escrituras eran imprescindibles para alcanzar el Cielo y la Vida Eterna, había que explicarles sus verdades a base de imágenes en público.

Había que convencer y enseñar aquella verdad, que salvaba a las personas de la muerte total. Y se hicieron mosaicos enormes, se pintaron paredes enteras de los interiores y exteriores de las capillas y las iglesias, para que los vecinos no tuvieran duda de lo que estaban escuchando por parte de los sacerdotes de la época. 

Daba igual si eran lugares públicas o estancias privadas de personas con poder o con dinero. Había que envolverse en lo que todavía no se sabía leer, solo era necesario mirar. Y surgen además los iconos durante el siglo VIII como forma de controlar qué se tenía que adorar.

Dios era al principio muy similar a Zeus, Cristo lo era similar al dios Apolo, y de esa manera era más sencillo entender de qué se hablaba, de dioses que habían venirnos a salvarnos. 

Los ciudadanos no entendían grandes narraciones o extrañas historias de las Sagradas Escrituras, buscaban y se les entregaban referentes sencillos.

Para los ciudadanos más formados se creaban libros escritos a mano como es lógico, con miniaturas más complejas en donde ya sí, se relataban episodios bíblicos. O se ampliaban poco a poco las referencias en los frescos de los santuarios, para poder ampliar las explicaciones de los sacerdotes.

Brillo, luz, oro, mucho oro y vidrieras que dejaran pasar la luz del cielo, se fueron distribuyendo por toda aquella Europa que veía crecer el cristianismo a una velocidad altísima.

Y los artistas bizantinos, casi todos ellos monjes, intentaban no hacer esculturas pues creían que eran ídolos, y se trabajaba mucho más las imágenes bidimensionales, sin sombras, planas, sin perspectiva, como referencias religiosas, casi como estampas.

Los iconos miran de frente, no se ve el cuerpo, solo el rostro, algún vestido y poco más. Son inexpresivos, sin casi vida pero con la simbología del Ser Superior. Fondos dorados, coronas, y sobre todo que nunca el fiel espectador pudiera pensar que fueran a ser personas como ellos. Eran seres diferentes, superiores.

Eran figuras de poder, con llaves muy grandes para abrir espacios celestiales, con cálices o emblemas para perdonar, y llevando la Cruz de Jesús como símbolo. Simplemente Poder.

Estos iconos ortodoxos se elaboraban sobre una tabla de madera recubierta de yeso y pasta de mármol y empleaban pintura al temple (mezclada con yema de huevo), pigmentos minerales y láminas de oro. Los monjes realizaban el proceso de creación tras periodos de ayuno, oración y purificación, buscando la inspiración divina para que les inspiraran.



23.6.26

Una alcantarilla italiana con mucho Arte


Nuestro corresponsal en Europa, Sara Paolucci,  farmacéutica aragoemiliana, en colaboración con Luis Iribarren, nos envía esta bella alcantarilla desde la localidad de Porto Venere, junto a La Spezia. en Liguria, Italia

Nos habla dicha obra de arte urbano de "Cinque Terre" que son cinco muy famosos pueblos de costa de su zona de influencia.

Sí, las alcantarillas también pueden llamar nuestra atención, como elementos urbanos que en algunos países quieren convertir en pequeñas obras de arte.

22.6.26

Un Buda Gupta del siglo IV


El Imperio Gupta fue para la India algo parecido a lo que el Imperio Romano fue para Europa, o la Atenas de Pericles para la antigua Grecia: una época de estabilidad, riqueza y enorme florecimiento cultural.

Se desarrolló aproximadamente entre los años 320 y 550 d. C., dominando gran parte del norte de la India. Aunque no fue el mayor imperio indio en extensión (el anterior Imperio Maurya había sido más grande), sí fue uno de los más influyentes desde el punto de vista cultural.

Imaginemos un país que durante siglos estuviera dividido en pequeños reinos, guerras e invasiones, y que de repente aparece una familia, los Gupta, que consigue unir buena parte del territorio. Con la paz llegan el comercio, la riqueza y el tiempo para dedicarse a la ciencia, el arte y la literatura. Eso fue, en esencia, el Imperio Gupta.

Muchos historiadores han llamado a este periodo la Edad de Oro de la India, aunque hoy algunos matizan esa expresión porque la prosperidad no fue igual para toda la población, algo habitual cuando un país o una civilización crece de forma rápida.

Fue sin duda una época extraordinaria por varios motivos. Estudios nuevo de las matemáticas, ingeniería, astronomía, del Arte, de la religión, la literatura, las normas sociales, etc.

La economía prosperaba gracias a la agricultura mejor planificada, al comercio interior, pero a su vez con las nuevas rutas comerciales con Asia. Se acuñaban monedas de oro de gran calidad, signo de una economía fuerte y muy comercial.

Muchas de las imágenes clásicas de Buda que hoy conocemos y se conservan, proceden precisamente de este periodo, aunque también florecieron la pintura mural y la arquitectura de templos.

Este Buda que vemos, del siglo IV es un ejemplo de esa nueva imagen que quisieron transmitir del Buda anterior, más clásico. Los Buda Gupta tienen el pelo separado en rizos pequeños, y los párpados caídos, y se convirtieron en el icono para las imágenes de Buda que se hicieron posteriormente.

"Una idea que se lleva a la práctica, es mucho más importante que una idea que solo existe como idea". Buda