1.5.26

Mark Manders en New York


El Arte puede ser también algo desagradable como en este caso. La belleza se puede esconder dentro de lo extraño, de lo feo, de lo no habitual. Es una manera de provocar.

Esta escultura de Mark Manders, una destacado artista visual contemporáneo de Países Bajos y reconocido sobre todo por su proyecto continuo "Autorretrato como un Edificio" iniciado en 1986, que abarca escultura, instalación y dibujo, nos deja esta obra titulada "paisaje con Cabezas Pintadas" realizado en el año 2026 realizada con apoxy pintado, maderas y lienzo.

Está instalada en una amplia exposición de la sala Tanya Bonakdar Gallery de New York, donde presenta sus nuevas obras que van desde bustos monumentales de bronce hasta paisajes escultóricos abstractos y pinturas u obras discretas en papel.
Ensoñadoras y fragmentadas, estas nuevas piezas llenas la galería de New York como si fueran una serie de pensamientos a los que el artista dio forma y luego los congeló en el tiempo.

Experimentados juntos, las obras forman una especie de escenografía de la mente para que el visitante se mueva y habite rodeado de los pensamientos de artista.

28.4.26

El año del hambre en Madrid, de José Aparicio e Inglada


Esta obra pictórica es la más famosa y conocida de cuantos cuadros se pintaron durante el reinado de Fernando VII y el más difundido en su tiempo por todo el reino, debido a la carga adulatoriamente propagandística de su argumento tan propagandístico.

Pintado en el año 1818, más que un cuadro de historia, el lienzo de José Aparicio e Inglada representa en realidad una singular alegoría histórica, modalidad en la que este artista era verdadero especialista, sobre la dramática situación de hambre que hubo de soportar la ciudad de Madrid durante la ocupación napoleónica en los años 1811 y 1812.

Los ciudadanos rechazaron las ayudas que les ofrecían las tropas invasoras, lo que vino a producir un terrible hambre y enfermedades que se unían a las heridas de guerra y a la situación tan penosa de aquellos años.

En el cuadro vemos a un grupo de soldados franceses ofreciendo alimentos a un grupo de personajes madrileños, famélicos y harapientos, en los soportales de la Plaza Mayor de Madrid. Un anciano sostiene en su hombro a un muchacho mientas recoge en su regazo a una mujer ya muerta, junto a otro niño pequeño. Junto a la pilastra con la inscripción en letras doradas que proclama la fidelidad del pueblo madrileño a su rey, otros comen mondas y sobras, mientras detrás del grupo principal, un madrileño de anchas patillas y bicornio se abalanza con mala cara sobre los militares gabachos, retenido por su mujer, que lleva a su bebé en brazos.

Las figuras intentan provocar al espectador, no están claramente en posiciones muy reales, con gestos que de alguna manera buscan ridiculizar, caricaturizar el momento, de forma alegórica.

El lienzo desató las alabanzas más apasionadas durante el reinado de Fernando VII a modo de propaganda más que de crítica artística serena, pero el cuadro nos ha llegado en un desastroso estado de conservación, burdamente repintando en un porcentaje muy elevado de su superficie, afectando a figuras y zonas principales de la composición, razón por la cual no se había expuesto públicamente desde hace muchas décadas.

El Museo del Prado quiere ahora, en este 2026, que se redescubra una pintura que fue célebre hasta el exceso y que después quedó arrinconada por la política de cada tiempo, al ser considerada una obra excesiva, propagandística y de poco valor.

Y está bien esta relectura de la obra, admitiendo todos los que nos movemos cerca del Arte, que siempre ha sido un elemento, una herramienta de propaganda, posiblemente desde la prehistoria, cuando todos querían hablar e influir con sus pinturas en las cuevas, con sus decoraciones de sus palacios, con sus interpretaciones religiosas o las muestras de sus batallas ganadas.


27.4.26

Pintando al natural, es meterte en la escena


¿Has salido alguna vez a pintar del natural, con tus propios bártulos a la calle, a disfrutar de recoger la sensación y el sabor de la escena natural? 

Ya, no es sencillo en estos tiempos de urgencias y soledades.

Una fotografía de una escena podría competir con el lujo de salir a dibujar o pintar a la calle. Luego en tu casa, en tu estudio, con esa imagen digital o en papel, puedes realizar la obra, y al igual que desde el mismo lugar, puedes ir cambiando color, elementos, luces.

Pero pintar desde la calle, desde el paisaje, tiene otro sabor. No es sencillo, se te quedan mirando aunque casi nunca hablan u opinan. Pero eso también depende del carácter del artista y de sus deseos de compartir, de escuchar.

Esta chica estaba en la Aljafería de Zaragoza captando los brillos de las fuentes árabes y con un fondo islámico enmarcando la escena. 

Literalmente, estaba dentro de la escena, formaba parte de ella, algo que si lo hacen en tu estudio, no sucede.

Niño vendiendo yogurt en las calles de Alepo

Mientras un niño intenta vender yogurt casero en un puesto callejero de la ciudad de Alepo en la Siria en guerra, una mujer pasa con su hijo en brazos. 

Era 2014, y se veía claramente las tremendas palizas contra una sociedad, un territorio, un país, son tan constantes, que ya nada sorprende.

Son las imágenes de un siglo XXI cuando menos extraño y amargo. 

Estaríamos hablando de un ciudad que tenía más de dos millones de habitantes antes de la guerra, hoy ciudad casi destrozada, con unos 4.000 años de antigüedad sobre su historia. 

Alepo, ciudad por cierto que tenía cuatro universidades, una pública y tres diferentes privadas más dos escuelas internacionales y un reconocido conservatorio más una famosa Escuela de Bellas Artes. 

Fotografía de Mahmoud Hebbo