30.6.26

Fotografía erótica de hace un siglo


Una de las variantes que tuvo la fotografía cuando se empezó a popularizar su consumo y compra, fue el erotismo en forma de postales. La gente, los hombres generalmente, desde finales del siglo XIX a principios del siglo XX, empezaron a descubrir que la fotografía también podría darles un recuerdo de bolsillo. 

El gran cambio en Europa llegó entre las décadas de 1880 y 1910, cuando confluyeron varios factores, aunque desde 1839 cuando se presentó oficialmente el daguerrotipo se abrió un nuevo camino comercial de impresión fotográfica.

Apenas unos pocos años después ya existían retratos de desnudos, primero con finalidad artística y académica —como ayuda para pintores y escultores— y muy pronto, con un claro objetivo comercial.

Las cámaras se hicieron más sencillas. Las copias fotográficas se abarataron enormemente. Mejoraron los sistemas de impresión. Aparecieron servicios postales muy eficientes. Creció una amplia clase media con capacidad de consumo. Fue entonces cuando el mercado de la fotografía erótica adquirió dimensiones verdaderamente europeas como una moda de la época.

París fue, sin discusión, la capital en la que nació esta industria. Allí trabajaban cientos de fotógrafos especializados. Muchos producían imágenes aparentemente "artísticas", inspiradas en la pintura clásica o en la mitología, para esquivar la censura, mostrando las primeras mujeres desnudas.

Era frecuente encontrar modelos caracterizadas como:Venus, ninfas. mujeres orientales, bailarinas, alegorías de las estaciones o figuras históricas de griegos y romanos con ciertos toques artísticos en sus posturas. El desnudo artístico y erótico gozaba en aquellos años de una aceptación mucho mayor que el desnudo abiertamente sexual.

Paralelamente existía también un mercado clandestino mucho más explícito, del que hoy tenemos menos ejemplos conservados. Muchas fotografías se adquirían durante viajes a París, considerada entonces una ciudad mucho más permisiva que otras capitales europeas, y no era extraño esconderlas entre libros o equipajes para cruzar las fronteras.

A principios del siglo XX uno de los grandes fenómenos fotográficos fue la aparición de las tarjetas postales ilustradas. Millones de ellas mostraban a actrices incluso conocidas, a coristas y bailarinas con vestidos transparentes y poses insinuantes.

Aunque hoy puedan parecer inocentes, muchas de estas postales fueron consideradas escandalosas en su época. En ocasiones se vendían en librerías o quioscos a la vista de todos pero otras solamente bajo el mostrador y a clientes conocidos.

Ya no era solo París, varias ciudades de Alemania habían hecho un negocio de impresión con estos modelos, y a s vez tanto Austria como Italia empezaron a crecer en un producto que aumentaba en su consumo. Eras casi cromos como los de los niños, pero de mujeres insinuantes.

Era un negocio sorprendentemente moderno para aquellos años, una moda, y las fotografías circulaban mediante venta en estudios fotográficos o librerías especializadas. Había catálogos por correspondencia e incluso comerciantes ambulantes que iban por localidades pequeñas vendiendo este producto. También había un mercado de este producto en tiendas de artículos para caballeros y un intercambio entre coleccionistas, y a su vez también existían distribuidores internacionales que enviaban sobres discretos por correo. El Amazón de principios del siglo XX, hoy inimaginable.

En conjunto, la fotografía erótica de comienzos del siglo XX fue el resultado de la combinación de avances técnicos y abaratamiento de la impresión fotográfica o con modelos de impresión de calidad como el huecograbado, una demanda creciente y una moral pública que distinguía entre el desnudo artístico aceptable y la sexualidad explícita.

Esta última, lo que podríamos llamar pornografía, quedaba relegada a circuitos clandestinos pues era ilegal. Esa tensión entre arte, comercio y censura definió buena parte de la cultura visual europea de la época y anticipó muchos de los debates sobre representación del cuerpo que continuarían durante el resto del siglo XX.

Última cena, del año 1525


Hoy os dejo una Última Cena, puesta en la zona inferior del retablo llamado al “Annenaltar - Altar de Santa Ana” que se encuentra en la catedral de Frankfurt, la Stifts- und Pfarrkirche St. Bartholomäus, conocida como Frankfurter Dom o Kaiserdom. Más exactamente, lo que vemos es la predela con la Última Cena.

El Annenaltar (el retablo en su conjunto) está fechado hacia 1525 y se describe como franconio. Pero la predela con el Abendmahl / Última Cena se considera del Norte de Alemania,y se fecha a comienzos del siglo XVI. Un retablo en madera pintada, posiblemente del año 1525.

No he encontrado una atribución segura a un escultor concreto por lo que no puedo dar un autor conocido o reconocido. Muchos de los retablos de madera de la Catedral de Frankfurt no eran originarios de la catedral, sino que fueron adquiridos hacia 1880 por el párroco Münzenberger, muy restaurados y a veces recompuestos con piezas no originalmente pertenecientes entre sí.

Posiblemente este retablo, el Annenaltar, esté entre esos altares incorporados después. Eso significa que la obra está hoy en Frankfurt, pero no necesariamente fue hecha para Frankfurt. 




29.6.26

Retrato de Marie Friederike Charlotte


Aquí vemos a la esposa del farmacéutico o boticario Johann August Wilhelm Kunitz, construyó una colección cuidadosamente compuesta de arte y artesanía a lo largo de su vida y que hoy se puede ver en un museo abierto al público en el castillo de Heidelberg.

Se llamaba la persona retratada Marie Friederike Charlotte 
Kunitz, nacida Dreyer (1798 a 1885) y está pintada por el conocido retratista Paul von Mila en el año 1831, mientras que en el fondo podemos ver a bahía de Pomerania y la amplia vista de la ciudad de Cammin en el Camminer Bodden, hoy Kamień Pomorski, en Polonia.

La obra se encuentra en el Deutsches Apotheken-Museum, y el propio museo describe el cuadro como un retrato de gran calidad dentro del gusto Biedermeier, insistiendo en la elegancia del vestido oscuro de seda, la cofia con cintas y encajes, y el collar de oro floral que, según la tradición familiar, fue regalo de su esposo.

Técnica pictórica para crear movimiento


En esa exploración que a veces hago, en la búsqueda de/por técnicas pictóricas menos comunes, a veces me encuentro con obras sencillas, simples diría incluso, en donde se ha plasmado el mensaje de esa obra pictórica precisamente por la técnica utilizada.

Este es uno de ellos. Es un cuadro que me encontré en la ciudad de Friburgo, en Alemania.

El árbol da la sensación de tensión, de resistencia contra el aire fuerte que le azota. Y gran parte de eso se basa en dos conceptos muy simples.NO hay detalle, y la inclinación de los elementos nos lleva a pensar que existe una presión del aire del ambiente, que es incluso casi superior a la resistencia del árbol.

Las manchas de color, pintura mezclada a lo bruto, ayudan a esa sensación de plasmar el detalle sin que exista el detalle. Todo está en movimiento, también el color, las formas y el detalla de los elementos.